Este es un archivo de escritura libre. En él cuento mis penas, mis alegrías o
mis miserias tal y como vienen a mi cabeza. En estos momentos estoy en una
crisis depresiva leve. Los estudios me van mal y ellos siempre fueron mi
principal motivo de satisfacción en la vida ya que desde la adolescencia no he
tenido muchos amigos ni amigas.
Hace tiempo que quería escribir, pero
cuando tenía la oportunidad me echaba atrás por vergüenza o falta de
inspiración.
A veces tengo miedo a ser un frustrado. A
no recuperar las ganas de estudiar y fracasar. Pero el miedo se disipa porque
esto me ha pasado otras veces y me he recuperado. Aún así tengo miedo a convivir
con esta enfermedad toda mi vida y no comprender por qué. Tengo miedo a ser
diferente, a no tener relaciones con mujeres, a no saber por qué, a no
aceptarme. Y otras veces no tengo miedo a nada y me creo capaz de cualquier
cosa, y pierdo el control y luego me deprimo como ahora.
Y cuando pienso todo esto creo que soy un
tipo peculiar con una enfermedad “simpática” y esto me consuela.
Cuando me siento capaz de todo me siento
capaz de ser futbolista profesional o un genio de la física o del ajedrez sin
esfuerzo. Esto y la euforia y desinhibición me llevan a hacer cosas de las que
me arrepiento ahora, pero de otras cosas no me arrepiento. Añoro esas
sensaciones y añoro también los periodos de normalidad en los que me parece que
no voy a recaer. Pero la experiencia te hace ser cauto y respetar el peligro.
Estoy contento con la medicación y con los médicos. Espero no tener que ser
internado nunca más.
Este año no me siento con ganas ni
capacidad de llevar el curso con éxito. Siento la necesidad de contárselo a todo
el mundo. No encuentro consuelo en nadie, excepto en los que no me dan ningún
consejo y se limitan a escucharme. No trabajo, ocupo el tiempo en ir a las
clases (no entender casi nada), nadar, ver la tele y acompañar a mi hermano a la
consulta. Apenas salgo. Sólo para ir al cine con unos amigos de la facultad.
También voy al fútbol con mi hermano. Espero que escribir esto me sea de
utilidad.
Cuando estoy en clase lo paso mal. Otros
años disfrutaba, me gustaba incluso estudiar. Ahora me resulta muy difícil. En
clase me dedico a pensar en mi situación, en tratar de comprenderla.
Pienso que mi principal problema es mi
relación con los demás, especialmente con las chicas. Me siento incómodo cuando
estoy ante una chica que me gusta, no se que decir.
Creo que el origen de esto está en mi
infancia. Tuve un médico privado que insistía en esto. Me preguntaba si de
pequeño mis padres me ayudaban a resolver los problemas que tenía o dejaban que
yo solo me apañara. Yo no comprendía esta pregunta ni sabía la respuesta. Cuando
yo me frustraba él me decía que podría comprenderme a mi mismo si me hacía las
preguntas adecuadas. Esto me desconcertaba y hacía que la terapia no diera
frutos de manera rápida.
Ahora, tres años después de esas sesiones
de psicoterapia trato de sacarles provecho, de comprender sus preguntas, de
plantearme las preguntas correctas y de responderlas. Así he pensado que es
verdad que mi padre nunca habló conmigo ni con mi hermano de sexo ni de chicas
en nuestra infancia y adolescencia. Una noche del verano pasado en la que no
podía dormir debido a una subida en mi estado de ánimo le conté esto a mi padre.
El pobre me dio la razón. Él se quedo huérfano cuando era muy pequeño y tuvo que
ponerse a trabajar con diez años. Creo que el hecho de que el perdiera a su
padre tan pronto puede explicar que no haya sabido comunicarse con sus hijos.
Me gustaría controlar mis subidas. No
hacer tonterías. Pero cuando estoy subido me creo que ya estoy curado, que ya no
tendré que comerme más la cabeza, que tendré éxito con las chicas. Si alguna me
rechaza, me da igual, porque las subidas vienen después de haber tenido buenos
resultados en los estudios, que son como el colchón que salva una caída. Pero
pierdo el control y hago cosas que ponen nerviosos a mis familiares. Sobre todo
a mi madre. Discutimos por cualquier tontería, me vuelvo muy suspicaz. Me entran
muchas ganas de irme de casa y me veo perfectamente capacitado para encontrar
un trabajo y estudiar al mismo tiempo. Después cuando retomo los estudios me doy
cuenta de que no puedo concentrarme. Esto me hace deducir que no es posible
seguir así, me siento incapaz de hacer realidad mis ilusiones. Entonces me
deprimo, me vuelvo miedoso, me vuelvo a comer la cabeza.
Pienso que cuando entro en una fase
maniaca trato de vivir las experiencias que mi timidez me ha dificultado vivir.
Trato de compensar una adolescencia pobre en relaciones, especialmente con las
chicas. Por eso uno de los primeros síntomas es que me desinhibo, trato de ligar
urgentemente.
Me pregunto cuál es el motivo de que me
halla relacionado poco. Esto es lo que pienso: cuando era pequeño tuve un par de
peleas con mi mejor amigo del barrio. Tras las peleas yo me sentía perdedor y
desarrollaba un gran rencor hacia mi amigo. Perdí mucha confianza en él. Más
tarde, en los últimos cursos del colegio también me peleé con mi mejor amigo del
colegio. En el instituto paso algo similar. Todas estas peleas son normales
entre niños o adolescentes, pero me parece que a mi me marcaron profundamente.
Mi tesis es que a raíz de estas peleas perdí confianza en tener amistades
profundas. No supe perdonar a mis amigos. Aparte de esto, en el instituto tuve
un acné muy fuerte y estaba acomplejado. Estas son algunas excusas. Supongo que
la explicación es más compleja o quizá más difícil de encontrar.
Mi hermano tampoco tiene mucho éxito con
las chicas. Recuerdo que cuando tenía quince años las chicas le acosaban, pero
él las rechazaba. Nunca ha tenido novia. Ahora sale con mujeres viejas o muy
feas que le crean problemas. Trata de ocultarlo. Yo creo que no está bien lo que
hace y me da mucha pena. He perdido mucha confianza con él. Es imposible
hablarle del tema. Cuando sale nunca dice adonde va o miente. También padece
problemas mentales a raíz de haber consumido drogas. Me da la sensación de que
no pone nada de su parte para recuperarse. Él siempre ha sido un punto de
referencia para mi, por eso me da miedo acabar siendo un fracasado con las
mujeres también.
Cuando yo tenía unos doce años estuve más
de un año sin hablar con mi hermano a raíz de una absurda pelea. El me acusó
injustamente de haberle roto unas gafas. No se si esto pudo afectarme o puede
explicar algo.
Tengo un temor al cual no encuentro una
explicación. Tengo miedo a echarme una novia y que a mi hermano le entre envidia
y trate de fastidiar la relación. Tengo otra preocupación: no ser capaz de
llevar adelante una relación, no saber mantener la relación. A lo largo de mi
vida he rechazado a muchas chicas. En mi casa siempre me han dicho que soy muy
guapo; yo me lo he creído. He tenido el listón alto. A veces me ha gustado una
chica y cuando he descubierto que yo le gustaba a ella a dejado de interesarme.
Con mi madre no me llevaba muy bien en la
preadolescencia y en la adolescencia. Cuando me peleaba con mis hermanas o mi
hermano tenía la sensación de que ella siempre me perjudicaba. Recuerdo que de
pequeño me daba unos besos y unos achuchones exagerados a la salida del colegio.
Esto me hizo desarrollar cierta arisques hacia ella. Después de mis primeros
brotes de enfermedad volvimos a llevarnos bien, pero sigo sin ser cariñoso con
ella.
Mi médico privado me decía que mi forma
de ser me hacía daño y que estaba a tiempo de cambiarlo (tenía dieciocho años).
Me decía que algún día me alegraría de haber tenido un brote psicótico. Según él
(yo pienso lo mismo) mi principal problema es que no tengo suficiente
autoestima, que me preocupa demasiado lo que los demás piensan de mí, y que sólo
me atrevo a relacionarme desinhibidamente cuando pienso que soy perfecto,
grandioso (por ejemplo, cuando pienso que puedo ser futbolista). Las sesiones
eran complicadas, yo no colaboraba porque me sentía atacado. Mi madre me decía
que debía ver al médico como un amigo. Yo me ponía a la defensiva y me sentía
herido; quizás porque la verdad duele.
Actualmente estoy depresivo. He perdido
el gusto que en condiciones normales tengo por mis estudios. No tengo un grupo
de amigos con el que salir a pasarlo bien. Además hace mucho que no salgo. Puede
que el concepto de pasarlo bien sea muy exigente para mí. Cuando era pequeño me
encantaba jugar al fútbol en la calle. Cuando mis amigos del barrio y yo
crecimos el fútbol dejo de ser el principal divertimento. Yo solamente bajaba
cuando se jugaba al fútbol. Además, los estudios empezaron a ser muy importantes
para mí, me exigía lo máximo. Pasaba las tardes haciendo los deberes y
estudiando. Recuerdo que una tarde, cuando tenía unos once años, me eché a
llorar en la cama porque tenía que estudiar (yo mismo me lo exigía) y no podía
salir a jugar. En conclusión, creo que no me lo he pasado mejor haciendo otra
cosa que jugando al fútbol en el barrio.
Me gustaría salir de la depresión y tener
algo parecido a un brote pero con autocontrol. Desinhibirme, pero no de manera
brutal. Creo que he tenido periodos más o menos largos en estas condiciones,
bajo medicación, en los que he sido muy feliz y las cosas me iban muy bien. En
definitiva, me gustaría volverme loco pero no del todo. Mi madre dice que los
médicos no deberían quitarme toda la medicación.
Mi primer brote
psicótico estuvo precedido de una estancia en el instituto (en realidad un
colegio privado) en la que me relacione poco. Envidiaba, al igual que muchos de
mis amigos, a una pandilla, en la que estaban las chicas mas guapas, que parecía
pasárselo muy bien. A mí me hubiera gustado ser amigo de ellos, pero mi timidez
o mis complejos me lo impedían.
Durante el último
curso obtuve el Premio Extraordinario de Bachillerato. Escuchaba un grupo de
rock cuyas letras aludían continuamente a la confianza en uno mismo y producía
en mí un efecto euforizante. Además, leía libros de un autor que contaba
historias de personajes mesiánicos. Todo esto fue un cóctel que provocó un
comportamiento desconocido. Un día, mientras escuchaba al grupo de rock, me puse
a llorar desconsoladamente, lamentándome de todo aquello de lo que pensaba que
mi timidez me había privado.
A partir de
entonces me
desinhibí
completamente. Regalé una rosa y un libro a una chica que tenía novio, robaba
libros en unos grandes almacenes, interrumpía a los profesores en clase
continuamente, hacía reír a mis compañeros con mis intervenciones. Me sentía el
más popular del colegio. En la calle hablaba con desconocidos; repartía folletos
del grupo de rock. Me sentía capaz de hacer cualquier cosa. Mi tutor avisó a mis
padres y decidieron llevarme a urgencias tras consultarme. Yo acepté, me sentía
importante, pensaba que se darían cuenta de que era un superdotado, de que era
un caso excepcional. Cuando el médico me atendía yo creía que aquél era un
psiquiatra especialmente preparado para casos como el mío. Yo estaba muy delgado
y había perdido el sueño y las ganas de comer. Me mandó tomar Ziprexa. Me
dirigió a la Unidad de Día. Cuando leí el prospecto del medicamento pensé que
era para casos únicos. Además, en la Unidad de Día me dijeron que me iban a
meter en el programa Puente. También esto me pareció algo especial. Sufría
paranoias.
Después de unos
días de euforia controlada vino la depresión cuando no podía concentrarme. Mi
madre me vio sufrir tanto que cometimos el error de acudir a un psiquiatra
privado en lugar de esperar la cita con la Unidad de Día. Este psiquiatra
privado, de gran prestigio, ya había tratado a mi hermano. Me quitó la Ziprexa y
me aseguró que sacaría matrícula a final de curso. Me mandó Motiván y Tegretol.
A los pocos días volví a sentirme eufórico. Volví a robar libros y a hacer otras
cosas como las de la primera subida. Además, fui un par de veces a urgencias por
mi cuenta. En casa debatimos si debía seguir con el médico privado o ir a la
Unidad de Día. Decidimos lo segundo. Cuando iba al hospital con mi madre y mi
padre tuve
una
discusión con éste último. Salí corriendo y me metí en urgencias. Decidieron
ingresarme. Fue a finales de Enero. A mi me pareció injusto. Me resistí
inútilmente. Todavía pienso que este ingreso fue fruto de la mala suerte.
Desde que era muy pequeño viví con la
sensación de que llegaría a ser alguien muy importante. Era de los más
destacados de la clase, cantaba y bailaba sevillanas muy bien, jugaba al fútbol
muy bien y todos me decían que era muy guapo. Tenía la sensación de que todo lo
que me rodeaba era una ficción, de que era el protagonista de un gran
experimento científico.
En el hospital lo
pase mal. Quería salir de allí cuanto antes. Era peor que una cárcel; no hay ni
tan siquiera un patio. Tomaba mucha medicación y comía atrozmente por lo que
engordé mucho. Recuerdo que llegué a creer que me habían ingresado para ayudar a
otros enfermos a curarse. Estuve dentro unos veinte días. Cuando salí aún estaba
eufórico y pensaba que podría aprobar el curso. Recuerdo que me encantaba jugar
al fútbol con niños pequeños en el club. En todas mis subidas he hecho esto.
Esta es una de las cosas de las que no me arrepiento.
Fui a clase y mis
compañeros y mi tutor me animaban y me querían ayudar a ponerme al día. Pero no
pude, no tenía fuerzas. Decidí repetir curso. Esto me deprimió. Por otra parte
empecé unas sesiones semanales con el doctor Gálvez. Estas sesiones duraron un
año y medio. Al final de las sesiones, ya sin medicación, el Dr. Gálvez me dijo
que lo llamara si tenía algo importante que decirle porque “el trabajo” se
estaba haciendo “muy cuesta arriba”. Pero no volví a verle. Esta enfermedad es
muy traicionera.
Todavía hoy pienso que terminaré teniendo
éxito en la vida. Creo que es un mecanismo de defensa ante la depresión. Pienso
que tengo cualidades, pero que mi estado de ánimo me impide usarlas. Al mismo
tiempo me siento culpable. Dudo si no estudio porque no puedo concentrarme o
porque tengo pereza. Tengo miedo porque mi carrera ha dejado de gustarme. Espero
que sea pasajero.
En momentos como estos me gustaría tener
una pandilla de amigos, una novia o un trabajo, pero es cuando menos capacitado
para conseguir alguna de estas cosas me siento. En cambio, cuando estoy subido
sí que me siento capacitado.
Los médicos me dicen que debo salir y
hacer amigos, pero yo no tengo ganas ahora. Tengo miedo a ser rechazado y una
baja autoestima. Me han diagnosticado un trastorno psicoafectivo. El Dr. Gálvez
me decía que podía cambiar mi manera de ser, que mi relación con los demás era
como una asignatura que tenía que aprobar. Pero yo ya estoy suficientemente
triste por no poder estudiar como para preocuparme también de eso. Quiero
curarme pero no tengo ganas de salir los fines de semana.
He pensado en dejar los estudios este
año, pero entonces tendría que ir a los talleres y eso me apetece aún menos.
Cuando me levanto por la mañana no tengo ganas de nada. Durante los dos últimos
años me levantaba alegre. Mis compañeros se extrañan de verme tan triste. Me
entran ganas de llorar. Pienso que si el año que viene sigo así estaré en un
infierno.
Repetí C.O.U. y
fui recuperando el ánimo a lo largo del curso, conforme iba aprobando con poco
esfuerzo. Hice pocos pero buenos amigos. En los recreos solíamos ir a jugar al
pin-pon. Lo pasé realmente bien. Decidí dejar de preocuparme por mis relaciones
con los demás, no presionarme. Llegó la selectividad y aprobé sin problemas. Me
lo pasé muy bien mientras la hacía. Antes le había pedido salir a una chica del
colegio que no aceptó. Mi hermano me dio un mal consejo: no insistir. Lamento
haberle hecho caso. Tras la selectividad volví a subirme, me sentí liberado. Un
año antes sentí mucha pena al ver a mis compañeros terminarla.
Salí con unos
amigos para celebrar el final de la selectividad, me colé en la final de la Copa
del Rey haciéndome pasar por miembro del catering, al día siguiente me pasé la
mañana jugando al fútbol por las calles del centro, incluso le di balonazos a la
Giralda. En el club me puse a jugar al fútbol a las cuatro de la tarde en pleno
mes de junio. Ni siquiera me acordaba de que hacía año y medio había estado
ingresado.
Mis padres estaban
de viaje y yo me sentía con más libertad. Decidí salir del club a la calle con
destino a casa, pero pensé en darme una vuelta por el centro. Me metí en un
bar-restaurante americano donde me solía reunir para comer con mis amigos. Allí
me puse a cantar canciones del grupo de rock que tanto me alteraba. Mientras
cantaba me puse a llorar muy intensamente. Esta vez incluso llegue a pensar que
las canciones hablaban de mí.
La paranoia era
más fuerte y peligrosa. Salí del bar y me puse a correr (esa noche anduve y
corrí mucho), paré a llorar en un portal con la camiseta sobre la cabeza.
Entonces tuve una alucinación auditiva. Escuché: “Vicente se ha parado”. Me
levanté y seguí andando y corriendo, incluso bailando, hablando con
desconocidos, parando un coche de la policía... Pensaba que toda mi vida había
estado y estaba siendo controlada. Llegué al hospital, a urgencias, y me
recomendaron irme a mi casa. En casa mis hermanos y mi abuela estaban muy
preocupados. Eran las cuatro o las cinco de la mañana.
Al día siguiente
me peleé con un chico del club porque pensaba que me habían robado la pelota.
Por la noche, me metí en la ducha. Me quede en ella mucho tiempo y mi hermano me
pedía que saliese. Me cabreé y empecé a dar chillidos lo más fuerte que pude. Me
peleé con mi hermano y me ingresaron. Esta vez no me resistí. Volví a creer que
era muy especial y a tener otras sensaciones parecidas a las de un año y medio
antes. Padecía mesianismo.
Cuando más triste me encuentro y me
entran ganas de llorar siento en mi interior que me voy a poner bien. No me
importa no tener muchos amigos, valoro más lo que tengo; mi familia, mis
aficiones, yo mismo y mi soledad. Especialmente ésta me parece maravillosa.
Mi actual médica me ha dicho tras leerle
todo lo anteriormente escrito que debería escribir más acerca de sucesos de mi
vida cotidiana, cosas menos abstractas. A mí esto me parece muy difícil, pues
pienso que mi vida es muy aburrida. Por ejemplo hoy me he levantado con gran
pereza y tristeza; aún así algo más animado por ser viernes y por no tener
clases por la tarde. He ido a la facultad con mi hermano y mi padre (me llevan
en coche). En el camino escuchábamos las noticias de la guerra en Irak. Al
llegar a la facultad he entrado en clase y me he sentado en mi asiento habitual
sin apenas hablar con nadie, no por no tener compañeros con los que me relaciono
normalmente, sino porque mi estado de ánimo me impide encontrar placentera una
conversación de este tipo.
La primera clase ha sido la de
electromagnetismo. Es la que menos me aburre ya que logro entender algo de lo
que se explica. No ocurre lo mismo con las otras dos clases que he tenido,
durante las cuales me resulta difícil mantener los ojos abiertos. Me dedico a
pensar en música para pasar el tiempo.
En el recreo he salido solo y he ido a
comprarme un pastel. Luego me he reunido con los tres mejores amigos que he
hecho en la facultad. Hablamos casi siempre de fútbol. Sospecho que uno de ellos
es homosexual ya que se acerca mucho a mí (físicamente hablando). Tiene novia y
no se que pensar. Me hace sentir muy incomodo. Podría seguir, pero ya me he
cansado de este día.
Me gustan las tardes soleadas en las que
espero sentado en un banco del campus a la puerta de mi facultad a que empiece
mis clases de Alemán. Deseo que me encuentre por azar a la chica de mi vida, por
ejemplo a una chica maravillosa que conocí mientras hacíamos selectividad. Sé
que estudia Psicología. Me lo encontré dos años después y no sé porque no le
pedí el teléfono. El caso es que ni se me paso por la cabeza...
El otro día salí con unos amigos del
club. Ya hacía tiempo que uno de ellos me proponía ir a dar una vuelta, pero a
mí no me gusta mucho lo que hacen, que es beber en la calle básicamente, y
además tenía pocas ganas de salir.
Estuve la mayor parte del tiempo hablando
con uno de ellos, que también tiene un leve trastorno mental según cuenta, y
fueron muy interesantes algunas de las cosas que me dijo. Dice que le ayuda
imaginar un círculo dividido en cuatro regiones: Relaciones, Equilibrio,
Ocupación y Trabajo. Además, cada porción podía uno dividirla en otras. Sería
conveniente tener llenas todas las partes del círculo. También me contó que le
es muy gratificante hacer todos los días, o los que pueda, algo nuevo, algo
diferente e impulsivo para sentirse mejor consigo mismo. Por último me dijo que
es aconsejable para mejorar la autoestima dibujar un árbol en un papel con sus
frutos y sus raíces. En los frutos se han de escribir los objetivos o logros que
uno consigue alcanzar. En las raíces las cualidades que nos han permitido
alcanzar esas metas.
Le dije a este amigo que me parecía una
persona muy sabia y que le incluiría en estos escritos.
A partir de ahora voy a indicar la
fecha en que escribo.
28-3-03.
Mi hermano me ha comentado que cuando era
adolescente y las chicas le acosaban, él no se aprovechó de ello porque aún era
inmaduro (no tuvo pelos en la axila hasta los dieciséis años). Pienso que a mí
me ha podido ocurrir lo mismo.
Tengo muchas ganas de que mi hermano
tenga novia. Le he aconsejado pensar menos en el sexo. Él me dice que el sexo es
muy importante y yo le respondo que a las mujeres no les gustan los hombres que
piensan así. Por mi parte, hace tiempo que no me masturbo. Quiero limpiar mi
mente de pensamientos obscenos para ver si así me resulta más fácil relacionarme
con las chicas. Además, después de masturbarse me invade un sentimiento de culpa
y de soledad muy desagradables. Pretendo buscar una chica con la que mantener
una relación de amistad. Mi hermano dice que me estoy volviendo un “curilla”.
29-4-03
En Semana Santa mi hermano, mi hermana
melliza y yo nos fuimos a la playa. Lo pasamos bien, nos reímos mucho. Yo me
enfadé en ocasiones con ellos pues me parece que gastaban demasiado dinero. En
eso me parezco a mi madre. Mi padre, en cambio es más gastoso. Esto y otras
cosas me han llevado a inventar una hipótesis que me parece interesante: que los
hijos de padres con personalidades enfrentadas tiendan por algún motivo
relacionado con este enfrentamiento a estar más predispuestos a padecer
enfermedades mentales.
Mi tío ha tenido otro hijo con la que
será su segunda mujer. Parece ser que quiere que yo sea el padrino. Esto me
llena de orgullo. Mi madre y mi abuela dicen que soy el hijo que mi tío siempre
quiso tener. Me cuentan que me parezco mucho a él cuando era joven en mi forma
de actuar. Esto me agrada pues yo siempre he admirado a mi tío.
8-5-03
El Dr. Guerrero me ha cambiado la
medicación. Tengo un poco de miedo a que no me siente bien. Pero confío en que
el miedo se me pase. El Dr. Guerrero es una persona distante. Emplea poco tiempo
en escuchar al paciente y actúa con un aire de superioridad. No encuentro el
momento de hablar con él de mis preocupaciones. Puede que no sea eso lo que yo
necesite.
El verano se acerca. Creo que he perdido
algo de peso. Por lo menos llevo mucho tiempo sin engordar. Esto me anima.
Espero estar animado y con ganas de estudiar para el curso que viene. Tengo que
dejar de preocuparme por no poder venir a ayudar a mi hermano en la consulta.
Quiero ir a clase por la mañana y estudiar y nadar por las tardes. Quiero volver
a disfrutar estudiando y estando en clase. A tomar unos apuntes impecables. Para
ello debo estar concentrado y no perder el hilo. Puede que dentro de un año, dos
o más vuelva a recaer. Pero esto no me debe preocupar ahora.
15-5-03
Estoy en la consulta con mi hermano.
Estoy algo depresivo. Hace mucho calor. Vuelvo a tener miedo a no poder estudiar
el curso que viene. Veo a mis compañeros en clase y algunos que no has sido tan
brillantes como yo en los dos primeros cursos se enteran de las explicaciones.
Pero les resulta, según cuentan, bastante más difícil este curso de tercero. Voy
a tener que esforzarme mucho si quiero aprobar. Esto me preocupa pues no sé si
seré capaz de soportar el cansancio mental que los estudios pueden crearme.
Estos últimos días de curso voy las dos
primeras horas a clases y después voy a nadar. Me lo tomo con tranquilidad. Me
siento mal porque con la edad que tengo (veintitrés años) todavía no he
trabajado, exceptuando cuando estoy en la consulta.
Creo que tengo pocas cualidades para
gustarle a las chicas. Soy tímido y huyo de hacer amigos. Además soy egoísta. No
me gusta que me ayuden. Soy un solitario que no sabe conquistar a las chicas y
que puede que tenga el listón muy alto. Me creo que soy muy atractivo. Pienso
que le gusto a las chicas, pero cuando una chica me gusta a mí me entra miedo y
no se por qué. Me pregunto si seré capaz de llevar una relación con una chica.
No me veo recordando todos los aniversarios y demás días para hacer regalos. No
tengo ganas de cambiar mi manera de ser. Espero que encuentre alguna chica a la
que no le importen mis defectos y que me guste.
Siempre que he intentado ligar he estado
algo o muy subido. No se si esto es un problema grave. Me gustaría estar un poco
subido permanentemente.
20-5-03
En la clase de Alemán hay una chica que
me gusta mucho. Pienso bastante en ella y creo que me estoy enamorando aunque
aún no hemos hablado. Sé cómo se llama y que estudia Filosofía. Tiene un pequeño
defecto, la he visto fumar. Las clases se acaban y me temo que no voy a tener
una buena oportunidad para hablar con ella teniendo en cuenta mi timidez. Además
pienso que es probable que tenga novio. De todas formas estoy contento de sentir
algo así después de casi un año.
22-5-03
Algunas noches de verano me dedico a
observar a una chica que se queda sola en su casa y se dedica a bailar. Calculo
que tendrá unos dieciséis años. Creo que sabe que la miro. Lo hago desde mi
habitación.
Siento que quiero ser diferente al resto
de la gente. No me conformo con ser uno más del montón. Está claro que todos
somos diferentes, pero lo que yo quiero es destacar. Quizás esto esté
relacionado con mi dificultad para tener amigos, mis delirios de grandeza. Otras
veces soy más “modesto” y me conformo con tener un trabajo que me guste y ganar
mucho dinero.
29-5-03
Estoy otra vez en la consulta con mi
hermano. Las clases ya han acabado y me espera un verano en el que me dedicaré a
nadar, hacer gimnasia y venir a la consulta. A veces me planteo la posibilidad
de poner cartelitos anunciándome para dar clases particulares. Pero la verdad es
que no tengo ganas. Tengo miedo a trabajar. Esta es la triste verdad.
Esta enfermedad te permite darte cuenta
que la felicidad se pierde con mucha facilidad. La felicidad es efímera. Sobre
todo si la basas en los estudios o el trabajo, si no llevas una vida
afectivamente sana; es decir, si no tienes amigos que te apoyen en los momentos
difíciles. Me pregunto si mis relaciones personales entran dentro de lo que se
puede considerar normal. El caso es que me preocupa y me hace sufrir el pensar
que no tengo amigos, ahora que me harían falta.
Siento un nudo en la garganta, una
opresión en el pecho. Un sentimiento de desesperación, de pena. Siento esperanza
después, pues también hay cosas que me hacen disfrutar y porque otras veces he
salido de la depresión. A continuación siento miedo de que esta enfermedad me
haga sufrir periódicamente.
Quizá sí que tenga amigos y algún día
sepa disfrutar de ellos. Amigos no tienen porqué ser sólo los que ves con
frecuencia, aquellos con los que sales por la noche de marcha. Recuerdo los
amigos del barrio, del colegio y del instituto. Hace mucho que no veo a la
mayoría de ellos.
11-6-03
Estoy preocupado porque creo que mi madre
nos trata a mí y a mi hermano como si fuéramos niños. Cuando estoy eufórico me
revelo contra este proteccionismo materno.
Me entran ganas de irme de casa. Me
pregunto si no es legítimo desear eso. Me pregunto si algún día podré irme de
casa y vivir mi vida sin que esté loco. Me pregunto si descubriré algún día cómo
quiero y puedo ser sin hacerme daño a mí mismo y a los demás. Quiero sentirme
libre, como me siento cuando estoy eufórico, pero no quiero estar enfermo.
Cuando me pongo eufórico me pongo a
hablar sin parar. Ahora me doy cuenta de que llego a ser molesto para los demás.
Pongo nervioso a mis familiares. No me puedo quedar callado. Creo que tengo que
detectar que estoy animado antes de que los nervios se apoderen de mí. Las otras
veces, cuando salí de la depresión y empecé a sentirme animado no se lo
comuniqué a mi médico. Es un error que he de corregir.
17-6-03
Ayer por la mañana, mientras ordenaba los
apuntes que he tomado este año y que no han servido para casi nada, sentí que el
curso que viene voy a ser capaz de estudiar con gusto y aprobar. Son momentos de
optimismo que tengo de vez en cuando y creo que son un buen síntoma. He pensado
en sacar de la biblioteca algún libro de Física Cuántica para ojearlo lo que me
apetezca este verano, sin ningún agobio ni obligación de entender nada.
Cuando era pequeño, en preescolar no
jugaba con el resto de los niños a la guerra, sino que jugaba con mi hermana
melliza y sus amigas a hacer palmitas. Más tarde cuando salía con mis amigos con
doce o trece años para ir al cine o a jugar al parque recuerdo que cuando
empezaban a gastar bromas o a jugar a lanzarnos naranjitas, yo encajaba mal
estas bromas y juegos. Incluso terminaba llorando. ¿Habrá influido esto en mi
dificultad para relacionarme?.
Busco sin cesar el origen de mi
enfermedad, de mis pocas relaciones (sobre todo con chicas). Pero quizá no tenga
sentido buscarlas. Siento que no obtengo ayuda de nadie. El médico de la Unidad
de Día apenas me dedica diez o quince minutos cada seis meses y no se acuerda de
mucho de las sesiones anteriores.
23-6-03
En la piscina a la que voy hay una chica
amiga de la familia. Es algo alocada e ingenua a veces. Hace poco cortó con el
novio. Me ha preguntado si quiero irme con ella de viaje. Iba en serio. No es
una paranoia mía. Le he dicho que sí en broma. Veo difícil que yo termine
aceptando. La verdad es que es algo que me ha animado. Desde que la conocí he
tenido la sensación de que me tenía un aprecio especial.
El grupo de amigos de la facultad con los
que voy al cine de vez en cuando y yo tenemos cosas en común. Éstas son la falta
de seguridad y la timidez con las chicas. En el colegio me pasaba lo mismo con
los amigos que tenía. Creo que termino relacionándome con gente así precisamente
porque tienen esas características. Con ellos me siento seguro. Al mismo tiempo
hay en mí un deseo reprimido de relacionarme con gente segura de sí misma. Pero
no me sentiría seguro con ellos. El resultado es que no me encuentro del todo
satisfecho conmigo, con mis amigos ni con lo que hacemos.
Vuelvo a estar muy preocupado por el
curso que viene. Tengo sueños angustiosos al respecto. He sacado el libro de
Física Cuántica de la biblioteca. Entiendo algunas cosas, pero les tengo que
dedicar mucho tiempo.
25-6-03
En una ocasión, una psicóloga de la
Unidad de Día me dijo que cuando me volviera a poner eufórico, ésta euforia se
podría canalizar con ayuda de la Unidad de Día. Esto me dio esperanzas. Siento
que cuando estoy eufórico mi mente funciona mucho más rápido de lo normal.
Quizás, si esta actividad se pudiera canalizar, si se pudiera sacar provecho de
ella, mi mente no tendría porqué crear ideas falsas y delirantes. Pero cuando
enfermo me veo obligado por mi familia a reprimir mucho de lo que quiero decir o
hacer. Ellos no aceptan que yo pueda ser diferente a como soy normalmente.
Reconozco que es difícil para ellos cuando yo me comporto de forma inusual. ¿Qué
puedo hacer yo?. Me entran ganas de hacer deporte, de escribir, de leer, de
conocer gente, de disfrutar de la vida.
9-7-03
Tengo a veces la sensación de odiar a mi
hermano mayor. Él siempre ha sido un referente para mí. Pero me ha defraudado
mucho las cosas que ha hecho mal a lo largo de su vida. No sé si esto me ha
marcado significativamente. Si esto fuera así, tendría que superarlo.
Voy a escribir las cosas que me irritan o
avergüenzan de mi hermano:
Fuma mucho (casi dos paquetes diarios);
es un inmaduro en muchos aspectos, está obsesionado con su imagen (tiene 32
años) y no tiene apenas amigos porque es un desconfiado; es un cínico, no acepta
las críticas que le hacemos sus familiares y su máxima es que él no tiene la
culpa de ser cómo es y no puede hacer nada para mejorar; sólo liga con mujeres
viejas y/o feas porque supongo que no confía en él mismo; no cree en el amor,
para él lo que le impulsa a estar con una mujer es sólo el sexo.
Por otra parte siento que tiene celos de
mí porque soy nueve años más joven y estoy estudiando lo que me gusta (algo que
él no ha hecho). Es una envidia sana, sé que se alegra por mí. Pero a veces esa
envidia se puede materializar en cierta agresividad.
10-7-03
Mi baja autoestima me lleva a pensar que
no me merezco tener novia o amigas íntimas. No me veo a la altura que creo que
merece corresponder a una buena amistad. Por supuesto esto se agudiza cuando
estoy deprimido. Cuando no lo estoy y sobre todo cuando estoy eufórico mi
percepción cambia y me valoro más.
Mi problema es que me valoro
positivamente cuando me van bien los estudios. No encuentro otros motivos en mi
vida que me hagan aumentar mi autoestima. Puede que tener un buen estado de
forma (un buen físico).
Los médicos me dicen que debo
relacionarme más y valorar mis amistades. Esto es fácil de decir. La realidad
con que yo me encuentro es difícil porque no me gustan los amigos que tengo. El
sábado pasado rechacé ir al cine con un compañero de la facultad. ¿No sería más
fácil valorar mi manera de ser?, ¿o es que no se puede ser como yo soy?. En
verdad creo que me haría más feliz tener una novia fiel que un grupo de amigos.
15-7-03
Voy a describir mi situación así:
Soy tímido, inseguro, con falta de
confianza en mí mismo, retraído, tengo una enfermedad... Las causas que me han
llevado a ser así trato de encontrarlas pero necesito ayuda para ello y dudo si
el doctor Guerrero está dispuesto a ello con un mínimo de interés. El caso es
que me siento solo y aburrido, con carencias afectivas. Para defenderme me
imagino que llegará algún día en que las cosas cambien y tenga una vida
divertida, que tenga éxito al relacionarme con los demás, incluso ser
futbolista profesional. Cuando las cosas me van bien en los estudios siento que
ese momento soñado ha llegado y pierdo la timidez, me desboco. Luego me doy
cuenta de que hago un poco el ridículo, me deprimo y estoy un año sin poder
estudiar.
La próxima vez que vea al doctor Guerrero
voy a hablarle de esta inquietud que tengo. Quiero saber si sirve de algo hablar
con él de cuáles son las posibles causas de mi enfermedad. También quiero saber
cuál es mi situación actual., cuál es mi enfermedad, si es curable o no.
Cuando oigo que tal o cual deportista o
artista ha llegado a triunfar a una edad menor que la mía me siento un poco
triste porque pienso que yo podría haber conseguido alguna hazaña semejante si
me hubiera dedicado a algo con interés desde pequeño. No puedo evitar culpar a
mis padres por no haberse preocupado de esto. No sólo en mí, sino en ninguno de
mis hermanos. Pero luego reflexiono y me doy cuenta de que no es justo
culparles. Además, ya no sirve de nada. La verdad es que yo nunca puse mucho
interés en ninguna actividad extralectiva. Mis padres no querían obligarnos a
nada. Si yo soy padre algún día, me gustaría dedicar tiempo a descubrir qué les
gusta a mis hijos y ayudarles a hacer lo que quieran. Lamento que mi padre nunca
nos dedicara tiempo por estar casi siempre trabajando. Lamento que él no tuviera
un padre que le enseñara cómo ser padre.
16-7-03
Mi vida es monótona, por eso hablo poco
de las cosas que me pasan; porque apenas si me pasa nada. Las clases acabaron y
como no trabajo ni estudio paso las mañanas en el sofá viendo la tele. Por las
tardes la cosa mejora; ahora me gusta venir a la consulta después de ir a nadar.
Pero he decidido que mañana, cuando vaya
a comprar la merienda, que mi hermano y yo disfrutamos todas las tardes, voy a
decirle algo a una cajera del supermercado que me gusta. Le quiero decir:
“Vanesa, me gustas”. No le voy a mentir (algo que detesto). Pienso que es bueno
para mí. No me importa demasiado que me rechace (es lo más seguro). Esa chica me
gusta y yo voy a actuar de la forma que sé y que me hace sentir más cómodo.
Además, aprenderé de la experiencia. No tengo nada que perder. Sería la primera
vez que intento ligar sin estar eufórico.
17-7-03
Lo hice. Le dije a la cajera que me
gusta. Fue más difícil de lo que esperaba. Me puse bastante nervioso. Cuando me
estaba cobrando, le dije con voz temblorosa:
·
Oye...Vanesa, ¿no? –entonces ella, con la boca
abierta, guiñó su ojo izquierdo. Creo que fue una muestra de sorpresa y
desconfianza-. Quiero que sepas...que me gustas.
·
¡Ah, muy bien! –contestó ella sonriendo con
naturalidad, como si eso se lo dijeran todos los días.
·
No te importa, ¿no?
·
No
mi arma,
¿qué me va a importar?
·
Bueno, adiós –respondí yo con una media sonrisa,
algo más tranquilo.
·
Adiós.
Creo que ella se lo ha tomado con
profesionalidad. Está trabajando y no quería problemas de ningún tipo. Además
estará acostumbrada a todo tipo de piropos e insinuaciones por parte de los
clientes. También puede ser que tenga novio o incluso que esté casada.
Pensará que soy un ingenuo o un salido y
puede que tenga razón.
Quizás, si no me hubiera puesto tan
nervioso (algo que ella percibió sin duda) su respuesta habría sido diferente.
Lo importante es que he adquirido una
experiencia más. Además, si algún día la veo en otras circunstancias, ya tendré
un paso dado.
Estoy contento de habérselo dicho. En
adelante seguiré comprando allí, pero no le haré ninguna otra insinuación. No
creo que a ella le haga mucha gracia. Pero no pienso avergonzarme. No he
cometido ningún delito ni he hecho nada malo.
Este día puede haber supuesto un punto de
inflexión en mi manera de relacionarme con las chicas.
Creo que estas memorias me han ayudado a
declararme ante esa chica. Escribir mis experiencias del pasado y del presente
constituye una importante vía de escape. Es como si al escribir me sintiera
escuchado por alguien comprensivo. Por ejemplo, no voy a decirle nada de esto a
mi hermano; no me gustan sus consejos ni su manera de ayudarme, y menos aún las
bromas que haría al respecto.
Hace ya algunas semanas que he vuelto a
masturbarme con asiduidad. No me invade ningún sentimiento de culpa ni soledad
después de hacerlo. Creo que éstos son síntomas de que estoy saliendo de la
depresión.
22-7-03
Hoy he vuelto a comprar en el
supermercado. Al pagar, la cajera me ha echado una mirada larga, como
examinándome. No sé si yo le gusto o no. Lo que sé es que no me habría mirado
así si yo no me hubiera atrevido el otro día a decirle que me gusta. Me ha
gustado su manera de mirarme.
Estoy últimamente meditando mucho para
descubrir por qué he puesto tan alto el listón con las mujeres. El primer motivo
es que siempre me dijeron de pequeño que yo era muy guapo. Pero puede haber
otros. Cuando tenía cinco años, en parvulito me gustaba muchísimo una compañera
que era la mejor amiga de mi hermana melliza. Yo diría que sentía hacia ella
amor, que estaba enamorado de ella. Pero no se lo dije. Sólo tuve un gesto
insinuante. Resulta que jugábamos mucho al conejo de la suerte ella, mi hermana
y yo. Ella y yo siempre besábamos a mi hermana, pero un día me atreví a besarla
yo a ella.
Cuando esta niña creció, en los últimos
cursos de E.G.B., fue muy guapa de cuerpo y de cara y todos los niños estábamos
locos por ella. Yo dejé de hablar con ella (mi hermana también, pues cambió de
colegio) y no me gustaba ninguna otra chica del colegio, que por otra parte era
muy pequeño. Mi conclusión es que comparaba a las demás con ella, con mi amor
secreto. No faltaban las chicas que me tiraban los tejos, pero yo me mantenía
fiel a un amor que ya consideraba inalcanzable. Pero el principal motivo por el
que creo que las rechazaba es que no eran ni la mitad de guapas que mi amada.
Ahora esa chica está casada.
28-7-03
Ayer por la noche me volví a sentir
deprimido. Mi vida es muy aburrida, tengo muy poca diversión, apenas si tengo
amigos y los que tengo son tanto o más aburridos que yo. Tengo veintitrés años y
aún no he besado a una chica en la boca. Estoy desesperado.
Me parece que en este estado no le puedo
gustar a ninguna chica que merezca la pena. ¿A quién le puede gustar alguien tan
aburrido como yo? Puede que físicamente le guste a las chicas, pero no sé cómo
conquistarlas. Ya ha pasado la edad del tonteo, la adolescencia, y yo apenas la
he disfrutado. Ahora, en mi juventud vuelvo a sentir que estoy dejando pasar los
mejores años sin disfrutarlos. No tengo dinero, no tengo coche, no tengo buenos
amigos, no me relaciono con chicas, soy inseguro, no tengo fuerza de voluntad
para seguir los consejos de los médicos que me animan a salir. Pero yo no tengo
ganas. Para colmo llevo tres años de retraso en mis estudios debido a la
enfermedad y ahora vivo con la inquietud de no saber si el próximo curso podré
concentrarme.
Tengo la esperanza de que alguna chica dé
el primer paso y se acerque a mí y que me guste. Pero pienso que esto no ha
pasado en muchos años y será que es muy difícil que ocurra.
Mi otra esperanza es salir de la
depresión, gracias a los estudios como las otras dos veces, y estabilizarme en
un nuevo estado de equilibrio emocional.
30-7-03
Hoy se bautiza mi primo y yo seré el
padrino. Es el primer bautizo al que voy (a parte del mío) y estoy un poco
nervioso.
Mi tío no quiere que yo pague el convite
porque dice que le sentaría mal que un estudiante como yo, que no trabaja, tenga
que gastarse el dinero. Yo le digo que quiero pagar pero la verdad es que me
quedaría a dos velas. No sé en qué quedará la cosa.
1-9-03
(Al final mi tío pagó y yo le hice a mi
ahijado un regalo).
En agosto he estado en Chipiona y me han
pasado cosas interesantes.
Salí un par de veces con un amigo del
ajedrez. Tenía 19 años (cuatro menos que yo) y algunos de sus muchos amigos eran
muy pequeños y yo no me sentía cómodo entre ellos. Otros sí eran de mi edad. De
todas formas lo pasé bien y no me arrepiento en absoluto de haber salido con
ellos. Siempre era mi amigo el que me buscaba en la playa o llamaba a mí para
proponerme hacer algo. Yo nunca lo busqué. No tenía nada que proponer.
Todos los días en la playa me dedicaba a
mirar a las chicas o mujeres. Buscaba aquéllas que me devolvían la mirada. Es
una forma de intentar ligar que me excita. El día 30 me quedé mirando a una
mujer de unos 40 años bastante bien conservada. Ya llevaba varios días
mirándola. El que parecía ser su marido, que era bastante mayor que ella se
sentaba retirado y dormía bajo la sombrilla mientras ella tomaba el sol sobre
una toalla. Ella me devolvía las miradas y una de las veces nos quedamos
mirándonos a los ojos durante un largo rato. Ella, que estaba bocabajo y con el
sujetador desabrochado levanto el tronco dejándome verle el pecho. Después
agachó la cabeza y se quedó mirándome de forma que sólo yo podía verle el único
ojo que se le podía ver. Entonces la miré de arriba abajo durante mucho tiempo y
ella me miraba igual. Fue muy excitante.
Ese mismo día me acerqué a una chica
bastante guapa que aparentaba 27 pero que tenía 30. Tenía el pelo moreno pero
resultó ser alemana, de origen turco. Hablamos en inglés y un poco en Alemán,
idioma que he estudiado este año. Hablamos un buen rato, era muy simpática.
Antes nos habíamos mirado fijamente. Me dijo que yo aparentaba 25 porque era muy
maduro. Traté de quedar con ella para esa noche pero me dijo que tenía planes
con su novio. Nos despedimos y no volví a verla al día siguiente. Esta fue la
única ocasión en que intenté ligar en Chipiona este año.
Estas experiencias me han animado. A
mediados de mes me quedé un día sólo con mi tía monja y mi abuela y me deprimí
bastante. Pero ahora estoy más animado.
Jugué el Open de Chipiona de ajedrez y no
me lo pasé tan bien como el año pasado.
He descubierto lo maravilloso que es
quedarse mirando a una mujer a los ojos y que ésta te devuelva la mirada.
Durante unos segundos parece que ambos formamos parte de un universo diferente.
Ya he pedido cita para el médico. Será el
lunes que viene. He pensado en hablar con él de cuáles pueden ser las causas de
mi enfermedad y de si eso puede ayudar a curarme.
En Octubre empiezo las clases. Desearía
no conocer a nadie de la facultad. Incluso me alegra pensar esto. Me gustaría no
tener que pararme a saludar a ningún compañero. Disfrutar de todo el tiempo para
mí y mis estudios.
2-9-03
Mi escasa experiencia con las mujeres me
ha hecho llegar a la conclusión de que para llevar una vida afectiva y
sexualmente sana es preciso intentar ligar con mucha frecuencia. Además es
preciso ser un poco mentiroso. Hay que meterse en el papel y hacer creer a esa
mujer que es la mujer de tu vida. Incluso es conveniente engañarse a uno mismo
en ese sentido.
Ayer le conté a mi hermano mi experiencia
con la mujer de la toalla. Me ha dicho que soy igual que él por desear a mujeres
maduras. Esto me ha preocupado porque yo no quiero parecerme a él. Veo que tiene
muchos defectos y una vida amorosa muy penosa. Él mismo se considera un vicioso
y cínicamente me dice que yo no lo comprendo porque no lo soy. Al menos, oír
esto me gustó.
5-9-03
Hoy he ido a renovar el carné de
identidad y en la larga espera he visto a una chica que me ha gustado. Se sentó
al lado mía, en el único sitio que quedaba libre, y me preguntó que a cuál
número estaban atendiendo. Le respondí nervioso y al rato le pregunté si quería
tomar algo conmigo. Me dijo que no, que ya había desayunado. Fue tan cortante su
respuesta que no me atreví a insistir ni a hablar con ella más.
Estoy perdiendo el miedo paralizante a
intentar ligar cuando no estoy eufórico. Puede ser esto algo positivo siempre y
cuando no pierda el control. Temo que de tanto intentarlo, sin éxito, me haga
tristemente famoso por mi forma directa de ligar. Pero afortunadamente la ciudad
es lo suficientemente grande como para que esto ocurra.
El día que traté de ligar en la playa me
sentí avergonzado cuando llegué a casa y toda mi familia me preguntaba sobre mi
intento de ligar. Me enfadé con ellos. Especialmente me enfadé con mi padre.
Tuve la sensación de que se estaba burlando de mí. Bueno, más bien sentí que
quería que habásemos del tema como si siempre hubiéramos tenido confianza al
hablar de chicas.
Mi forma de tratar de ligar es demasiado
directa. No sé si debería cambiar, planear estrategias. No me gusta esto último.
Soy demasiado sincero. En esto me parezco a mi hermano. Me gustaría tener
alguien que me aconsejara. Mi hermano y mi padre no me son útiles. El primero
está tanto o más perdido que yo y el segundo no me ha ayudado nunca y me temo
que ya es demasiado tarde.
9-9-03
Ayer hablé con mi psiquiatra. Me animó al
decirme que el hecho de no llevar la iniciativa en mis relaciones con mis amigos
(no ser yo quien los llame para proponerles hacer algo) le ocurre a las personas
inteligentes. También me animó que me asegurara que no tendría problemas en
aprobar el curso. Por otra parte le dije lo de mi infancia y las posibilidades
de que conociendo algo de ella o de mi adolescencia tendría para desarrollar mi
personalidad. Me dijo que en un futuro próximo podría serme útil ver a una
psicóloga. Esto también me animo, no sólo porque las psicólogas suelen ser muy
guapas, sino también porque siento que tengo mucho que contar y que necesito
ayuda para poner las cosas en orden, para saber qué cosas de las que pienso son
importantes o en cuáles estoy equivocado.
Anoche pensé en qué le contaría a la
psicóloga. Le contaría que no me siento cómodo en algunas ocasiones, cuando me
estoy relacionando. Que temo que los demás perciban que soy diferente, que
perciban mi inseguridad. Que me rechacen, sobre todo las chicas. Que me preocupa
no haber besado nunca a una chica. Que este es el síntoma más evidente de que no
soy del todo normal o que me hace sentirme inseguro.
23-9-03
Se acerca el comienzo de las clases.
Tengo sueños angustiosos en los que estoy en clase y no me concentro. Ya he
comprado los cuadernos y he llenado los papeles de la matrícula y la beca. Es
muy posible que este año no me la concedan.
Me van a dar el premio al mejor
deportista de la sección de ajedrez del club. Esto me ha alegrado bastante. El
delegado de ajedrez me dijo que él había sido el más votado, pero ya recibió el
premio hace tres años por lo que el segundo más votado (yo) lo recibirá este
año. Mi familia estará allí.
Sigo viendo a la cajera del supermercado
que me gusta. Tengo la impresión de que me mira con desconfianza, pero confieso
que mantengo la esperanza de que algún día me diga algo. Sé que es muy difícil
pero de ilusión se vive.
También sigo observando desde la ventana
de mi habitación a la chica que bailaba. Ya no baila mucho pero la veo poniendo
y quitando la mesa muchas noches. A veces me parece que ella me ve y fantaseo
con la posibilidad de verla algún día en la calle y presentarme.
26-9-03
Hoy mi hermano ha salido sólo con el
coche y ha vuelto a los diez minutos. Mis padres no estaban en casa, sólo mi
hermana melliza y de yo. Le hemos preguntado dónde ha ido y ha dicho que a dar
una vuelta. Yo pienso que ha ido a comprar grifa. Además pienso que mi hermana
le ayuda a hacerlo sin levantar sospechas.
2-10-03
Ya he empezado las clases. Parece que me
entero de las explicaciones y que me concentro al estudiar, pero todavía tengo
algo de miedo a los exámenes y a la asignatura de Óptica. Antes de cada clase
también tengo un poco de miedo a no enterarme bien de las cosas.
Mis dos mejores amigos de la facultad han
dejado la carrera (uno seguro y el otro no da señales de vida) por lo que me
encuentro algo solo en los recreos. No me encuentro cómodo con la gente que hay.
Cuando me arrimo a un grupo con cuyos componentes tengo algo de confianza, no lo
hago con mucha seguridad y me quedo físicamente sin arrimarme del todo a ellos.
Me cuesta meterme entre ellos y seguir sus conversaciones. Pero esto me preocupa
muy poco en comparación con los estudios.
Hoy me ha dicho un compañero que vaya a
cenar con él y otros compañeros y compañeras (con los que ya he salido otras
veces), pero es jueves y no me apetece tener que recogerme tarde. Por ello le he
dicho que no.
Estos cuatro primeros días de clase al
igual que la mayoría de días de otros cursos he salido al recreo sin esperar a
nadie. Voy a lo mío. Temo que esto no sea sano para mí. Temo que éste sea un
indicativo de que soy una persona egoísta. Pero lo cierto es que así me siento
cómodo, no me gustan las conversaciones triviales y prefiero estar al lado de
una persona que valore el silencio. Pero otras veces, cuando estoy un poco
eufórico, no paro de tratar de hacer reír al que está a mi lado. Creo que tengo
esta doble personalidad. Me cuesta o no consigo el estado intermedio.
14-10-03
Llevo dos semanas de clase y empiezo a
ser optimista. No estoy estudiando mucho, una hora diaria como mucho. Cuando
empiece a resolver problemas tendré que dedicarle más tiempo. Aún tengo algunas
dudas con la asignatura de Óptica y con las prácticas. El profesor de Óptica no
es bueno, pero trato de ver la asignatura y sus explicaciones como algo
interesante.
Ya no veo a la cajera que me gusta en el
supermercado. Creo que ha dejado de trabajar o que está de vacaciones. Me
pregunto que pensará de mí; me pregunto que pensarán de mí las mujeres. Mis
delirios de grandeza unas veces y mi baja autoestima otras me hacen creerme
distinto a la mayoría de los hombres. Esto me lleva a pensar que me será difícil
encontrar novia. La verdad es que tengo ganas de encontrar el amor.
17-10-03
Me da envidia lo sana que son las
relaciones de algunos de mis compañeros de facultad. Yo no soy tan expresivo o
extrovertido como ellos. Cuando estoy eufórico me paso de extrovertido, de
manera que tengo serios problemas para relacionarme tanto como en el fondo
deseo.
Hay un par de compañeros que son aún más
introvertidos que yo. Me gusta hablar con ellos y sobre todo que ellos hablen
conmigo. En clase se suelen sentar a mi lado, pero en el recreo yo me voy con
otros compañeros y ellos vienen con nosotros pocas veces. A mí me pasa algo
parecido a otro nivel . A veces pienso que debería animarles más explícitamente
a venir con nosotros, pero en realidad no me apetece, preferiría que ellos
tuviesen la iniciativa necesaria para venir con nosotros.
Creo que a los compañeros con los que
paso el recreo también les cuesta relacionarse con chicas. Desde que estaba en
el colegio he preferido relacionarme con gente así. Un malpensado pensaría que
somos una panda de gays.
24-10-03
Empiezo a tener serias dudas acerca de si
seré capaz de aprobar el curso. Hay una asignatura que es muy difícil. Prefiero
no decirle a la gente que tengo esta preocupación pues sería repetir lo que pasó
el año pasado, crear un entorno de preocupación. No puedo evitar achacar esta
falta de concentración a la medicación; al haloperidol. No me concentro porque
estoy preocupado, pesimista.
28-10-03
Soy algo más optimista ahora. Me he
puesto a estudiar óptica y otras asignaturas y me parece que puedo concentrarme
bien.
Cambiaría mi sueño de ser una celebridad
en ciencias por encontrar una mujer de la que enamorarme y tener una familia con
ella. Puede que los sueños se hagan realidad, pero la mayoría de las veces
tenemos que renunciar a muchos de ellos y tratar de hacer realidad otros sueños.
19-5-04
Tengo este diario un poco abandonado pues
la mayor parte del tiempo estoy cateando, buscando una chica de la que
enamorarme.
Dentro de poco son los exámenes y me
siento optimista.
Hace dos meses me rompí un brazo jugando
al futbito (siguiendo los consejos del Dr. Guerrero). Ya estoy casi curado. Solo
me falta poder rotar el antebrazo.
No he vuelto a tener ninguna pseudo
relación con ninguna chica. Bueno, casi ninguna. Tengo miedo de tenerla antes de
los exámenes.
Conozco muchas chicas por internet y a
todas les encuentro algún defecto. Hace un mes quedé con una pero me dejó
plantado.
9-6-04
Ya he empezado los exámenes y no van mal.
Tengo dudas con uno pero si suspendo tengo aún otra oportunidad antes de
septiembre.
He conocido a una chica por internet muy
simpática y guapa que creo que haría buena pareja conmigo. Tengo buenas
sensaciones pero no quiero emocionarme demasiado. Es un encanto.
Por otra parte he desarrollado una nueva
teoría sobre el desencadenante de mi enfermedad. Cuando estaba en el colegio y
me sentía el mas listo de la clase pensaba que no se me recompensaban por ello
ni en el colegio ni en la familia. Por ello me imaginaba que era parte de un
experimento. He tenido delirios de grandeza desde muy pequeño.